19 may. 2008

Semeira (Santa Eulalia de Oscos)

RUTA: PUMARES – SEMEIRA
Aproximación: Desde Santa Eulalia tomamos la carretera a Ventoso. A poco más o menos 1 Km, llegamos al área recreativa junto al pueblo de Pumares, inicio de esta ruta.
Desnivel: 150 m (Pumares 500 m / cascada 650 m).
Tiempos: Pumares 45’ Ancadeira 30’ Cruce Busqueimado 10’ Cascada Semeira Ascensión 1h 25’. Cascada 10’ Cruce Busqueimado 20’ Ancadeira 35’ Pumares. Descenso 1h 5’. TOTAL 2h 30’
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Descripción: Desde el aparcamiento del área recreativa, atravesamos la carretera transversal y tomamos rumbo al pueblo de Pumares distante unos ciento cincuenta metros. Al entrar en el pueblo dejamos a nuestra izquierda un puente que se mete hacia varias casas. Nosotros continuamos de frente siempre por la parte derecha del cauce del río Agüeria.
La ruta es de un trazado muy cómodo siempre entre muros de piedra y a veces muy cerca del río lo que le dá un encanto especial. Robles, castaños y mucha vegetación autóctona nos acompaña durante toda esta ligera ascensión.
Un repunte en la ascensión nos mete entre los restos de las construcciones del pueblo de Ancadeira. Los restos que se pueden ver dan buena pista de la importancia que en algún tiempo tuvo este lugar.
El camino sale por la parte alta sin pérdida posible y atraviesa el llamado “valle del Desterrado”. Cerca del río, nos presentamos ante una intersección que nos indica: De frente, cascada 300 m; A la izquierda, pueblo de Busqueimado 1,5Kms.
Continuamos de frente y en poco tiempo adivinamos la situación de la hermosa cascada. Un terreno ya más difícil de andar y por el que hay que tener cuidado nos introduce en las mejores vistas del salto de agua más famoso del occidente astur.

A pie de ruta, un panel explica la siguiente leyenda sobre el valle del Desterrado….
Cuentan los mayores de aquí que hace muchos años habitaba en Santa Eulalia un señor para el que trabajaba un obediente criado.
Una tarde, regresaban de una jornada de caza y se dirigían a escuchar misa, pero se les hizo un poco tarde. El señor, que no quería perderse la celebración, ordenó al muchacho que se adelantara galopando y diera orden al cura de retrasar la ceremonia para que le diera tiempo a llegar. Así que dando fusta a su caballo llegó a la iglesia antes de iniciarse la misa. Le dijo al cura que aguardase, que su amo estaba en camino, que no tardaría mucho en llegar y que tenía mucho interés en oír la misa. El párroco, viendo que ya estaba congregado todo el concejo, pese a las súplicas del joven se negó a retrasar la hora de inicio y comenzó la liturgia.
Cuando llegó el señor, ya estaban abandonando todos la iglesia, pidió explicaciones a su criado y después de oír su argumento, se enfureció de tal modo que le ordenó que matase al cura o que ahí mismo mandaría matarle a él. El criado viéndose tan acosado no vio otra solución que obedecer a su amo. Mató al cura con la esperanza de que no le prendieran, pero su mismo amo le delató. La pena que le correspondía al joven era morir en la horca.
Por aquellos tiempos, se daba la circunstancia de que todos los vecinos de Santa Eulalia excepto nueve pertenecían a la nobleza. Una disposición real otorgaba el título de hidalguía a todos aquellos habitantes que fuesen autosuficientes, o lo que es lo mismo, aquellos que no necesitaban trabajar para nadie, ni que necesitasen comerciar con nadie. Como quiera que en Los Oscos casi todas las caserías producían todo aquello que necesitaban para vivir, a muchos de sus vecinos se les dio el título de hidalgos. Estos hidalgos no poseían riqueza y trabajaban de sol a sol para sobrevivir, pero tenían título.
Llegó el día del ajusticiamiento, se congregó casi todo el concejo. A la hora de levantar la horca, como los nobles no podían ejercer de verdugos, no había brazos suficientes capaces de elevarla. Hubo que cambiar la sentencia del criado y, librado de la ejecución, se le desterró de por vida a sitio donde no oyera “carro rinchar, galo cantar ni campá soar”. Por aquel entonces poca gente se aventuraba a ir más allá de la aldea de Ancadeira y allí lo confinaron. Desde entonces el valle se conoce como el “valle del Desterrado”.
Fotos: Semeira y Ancadeira